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Científicas que conducían ambulancias en la guerra

Científicas que conducían ambulancias en la guerra
y otras mujeres en la Ciencia

  • ISBN: 9788417993023
  • Editorial: Libros.com
  • Lugar de la edición: Madrid. España
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 22 cm
  • Nº Pág.: 205
  • Idiomas: Español

Papel: Rústica
16,00 €
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Resumen

¿Sabías que una de las inventoras que contribuyó a que puedas conectar tu smartphone o iPad a la red wifi fue además una de las grandes divas de Hollywood, Hedy Lamarr, famosa -entre otros motivos- por fingir el primer orgasmo femenino en la historia del cine?.

¿Sabías que durante la Primera Guerra Mundial Marie Curie tomó clases de mecánica y se sentó al volante de una destartalada furgoneta para salvar la vida de soldados en el frente?.

¿Y que si Voltaire salió airoso del enésimo lío en el que le metió su pluma libérrima y afilada, temida por media aristocracia gala, fue gracias a la ayuda de una marquesa matemática llamada Émilie du Châtelet? La misma, por cierto, que contribuyó a que las ideas de Isaac Newton cruzasen el Canal de la Mancha.

¿Conoces a Caroline Herschel, la primera mujer en recibir un sueldo por su labor científica, allá por el siglo XIX? Y de Mary Kenneth, una de las grandes pioneras de la informática en EEUU, ¿sabías que trasteaba con computadoras vestida con el hábito de monja de las Hermanas de la Caridad?.

Más o menos por la misma época, ¿sabías que Ángela Ruiz Robles, una humilde maestra, se convertía en precursora del ebook?

Las vidas de Hedy Lamarr, Marie Curie, Émilie du Châtelet, Caroline Herschel, Mary Kenneth o Ángela Ruiz Robles pueden resultarte más o menos conocidas, pero es probable que te topes con su legado a diario. A lo largo de sus vidas pusieron su granito de arena -en ocasiones una duna entera- para que hoy disfrutemos de internet, wifi, ebook, eficaces tratamientos médicos o, simple y llanamente, contemplar el firmamento.

No es su única herencia. Gracias a su arrojo ayudaron a tumbar barreras y que la ciencia dejara de ser un terreno transitado solo por hombres. A menudo no lo tuvieron fácil. Para convertirse en la primera médico veterinaria de Reino Unido, Aleen Cust tuvo que hacerse pasar por un hombre.
Científicas que conducían ambulancias en la guerra te invita a asomarte a la vida de estas grandes científicas: recordar qué hicieron, cuáles fueron sus logros, pero también quiénes eran, cómo pensaban, en qué épocas les tocó vivir y qué trabas tuvieron que superar. Un viaje fascinante narrado en una serie de artículos, pequeñas píldoras que invitan a una lectura dinámica.

En el recorrido hay paradas también para recordar a grandes científicos, como Ignác Semmelweis, Albert Einstein, Antoine Lavoisier o William Herschel, que mantuvieron un vínculo especial con las mujeres, sin el que no sería posible comprender sus legados.

Prólogo de Marta Macho-Stadler.

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